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Qué implica. El concepto se define como no tener espacio para el descanso e incluso el cuidado personal por la carga de labores pagadas y también no remuneradas.

Fundación Sol. Organismo elaboró un lapidario informe sobre nuestra realidad al respecto, que ni siquiera la rebaja de la jornada laboral ayudaría a mejorar.

Marcelo González Cabezas Un concepto que en principio puede parecer raro, pero que sin duda la mayoría lo ha experimentado, abordó un reciente estudio de la Fundación Sol. Se trata de la «pobreza de tiempo». El texto fue obra de los investigadores Francisca Barriga, Andrea Sato y Gonzalo Durán, quienes definieron a la pobreza de tiempo como la «situación en la que el total de horas que una persona destina al trabajo (incluyendo actividades remuneradas y no remuneradas, lo que se llama carga global de trabajo) no le permite obtener un estándar mínimo de uso de tiempo destinado al descanso, el cuidado personal y el ocio».

Gonzalo Durán economista de la Universidad Católica y doctor en Socioeconomía de la Universidad DuisburgEssen de Alemania explica que «esta idea ha sido trabajada en el mundo académico y tratamos de llevarla a la discusión general. Identificamos a quienes están muy imbuidos en sus espacios laborales y nos dimos cuenta de que en el caso de las mujeres la pobreza de tiempo llega a un 53% de ellas, una cifra dramática, mientras que para los hombres la cifra es del 3 6%».

El profesional añade que «hablamos de un problema que está lejos de ser resuelto con pequeños ajustes. Por eso ni siquiera la propuesta del Gobierno de rebajar de 45 a 40 las horas laborales por semana es una respuesta de fondo. Hay que hacer algo mucho más revolucionario si de verdad queremos atacar este inconveniente».

Durán enfatiza que «la pandemia visibilizó una serie de trabajos domésticos y de cuidados no remunerados que no estaban a la vista. Y también quedaron expuestas las segundas jornadas, que de forma preferente recaen en las mujeres y se multiplicaron en este tiempo».

El investigador de la Fundación Sol precisa: «Mostramos que con una jornada de ocho horas diarias, tres son para financiar los salarios y las otras cinco son para financiar las ganancias del capital. Por eso rebatimos a quienes dicen que estamos bajos en productividad, pues para nosotros es claro que en las últimas décadas se produce la misma cantidad de mercancía en menos tiempo».

El economista puntualiza que «lo que pasa es que los trabajadores, al no estar organizados, deben aceptar lo que se les impone. Por eso es esencial fomentar la sindicalización, que en Chile apenas bordea el 20%, y la negociación por rama de actividad económica, algo de lo que ni siquiera hablamos mucho acá. Es que hay muchos estudios internacionales que señalan que en aquellos países en los que los sindicatos tienen poder, la distribución del ingreso es mejor y además la pobreza de tiempo también es menor».

Con este estudio titulado «Tiempo robado: pobreza de tiempo, productividad y acumulación capitalista», la Fundación Sol no pretende «casarse con una reducción específica de las horas de trabajo, sino que, afirman, abrir el debate sobre el asunto. Como concluyeron sus autores, se propone mantener una mirada integral de las políticas públicas en torno al uso del tiempo, mejorar significativamente los ingresos, propiciar iniciativas que impliquen la socialización de los cuidados y fortalecer la actividad sindical.

2017 Fue el año en el que la exdiputada y hoy vocera de Gobierno, Camila Vallejo, presentó un proyecto de ley para rebajar de 45 a 40 horas semanales la jornada laboral.

Carga que perjudica a las mujeres

El texto de la Fundación Sol muestra que en el país son 31 las horas promedio semanales destinadas a trabajos domésticos y cuidados no remunerados. Pero al desagregar por género, las mujeres suman 41 horas promedio y los hombres solo 19. Y sobre la pobreza de tiempo, una de cada dos mujeres y uno de cada tres hombres entran en ese concepto. Si prospera la rebaja de 45 a 40 horas semanales, la situación de ellas seguirá igual, mientras que en ellos la proporción sería de uno cada cinco.

Tips para huir de esta condición (en la medida de lo posible)

Siempre que se pueda, hay algunas decisiones y límites que el trabajador puede fijar de cara a su empleador al momento de determinar las condiciones laborales.

Respecto la pobreza de tiempo, hay algunas acciones que el propio trabajador puede desarrollar para evitar caer en ella, o bien disminuir su impacto.

Lissette Domínguez, psicóloga laboral y directora de Atracción de Talentos de la empresa de recursos humanos SOS Group, cree que «es innegable que en Chile las jornadas laborales son largas, y más encima perjudican los largos traslados desde la casa al sitio de trabajo y viceversa. Además, los que desarrollan el teletrabajo tienen un horario diluido y pueden trabajar más de 45 horas semanales, por mal hábito o por sus jefaturas demandantes».

La especialista, sin embargo, entrega algunos consejos para reducir la pobreza de tiempo. «Hay que bajar el horario de la jornada laboral y avanzar luego en una definición al respecto. Se debe, en la medida de lo posible, buscar trabajos cercanos al hogar. Hemos visto que muchos optan por este factor al momento de postular a un empleo».

La psicóloga añade que «las tres preguntas principales de los aspirantes son el sueldo, el horario y la ubicación de la empresa. Y hay rechazos si es grande la distancia que hay que recorrer. Si la oferta es muy buena, hay personas que hasta se cambian de vivienda para estar cerca del trabajo. Es que una de las consecuencias de la pandemia es la valoración del tiempo destinado a mejorar la calidad de vida».

Según Domínguez, los teletrabajadores «deben delimitar muy bien sus horarios y disponibilidad ante el empleador, cumpliendo un lapso diario como si estuvieran en modo presencial. Junto con ello, las jefaturas de estos funcionarios remotos deben ser conscientes de la importancia del descanso. Es lo que se llama derecho a la desconexión digital. En algunos casos, tanto presencial como remotamente, ni siquiera el pago de horas extra compensa el trabajo fuera de horario, que va en desmedro de la calidad de vida y aumenta la pobreza de tiempo».

La representante de SOS Group plantea que «reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales ayudaría en algo en este tema, pero no soluciona el problema… En cuanto la economía nacional lo permita, ojalá se pueda seguir avanzando aún más en reducir la jornada laboral, bajando de las 40 horas semanales. Y es vital avanzar también en una mayor equidad entre hombres y mujeres en las tareas domésticas y el cuidado de hijos u otras personas».

«En países con sindicatos tuertos la distribución del ingreso es mejor y la pobreza de tiempo es menor”

GONZALO DURÁN Fundación Sol.